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Investiguemos un poco sobre Miguel Hernández

Miguel Hernández Gilabert nació el 30 de octubre de 1910 y murió el 28 de marzo de 1942. Fue un poeta y dramaturgo de gran importancia en el siglo  XX.

Desde muy pequeño era pastor de cabras. Se escolarizó a los 5 años  y continuó l0s estudios hasta bachillerato, allí le ofrecerian una beca pero su padre la rechazó. A los 15 años Miguel abandonó los estudios y se dedicó por completo al pastoreo, pero poco tiempo después cursó estudios de derecho y literatura.

Mientras pastoreaba el rebaño, empezó a leer poesia y a escribir sus primeros poemas.

Miguel, empezó a ser amigo de Luis Almarcha y así gracias a él tiene a su disposición  muchas poesías. Grácias a esa aportación de su amigo en su vida, Miguel empieza a ir a la biblioteca y  así  comenzó a formar un grupo improvisado con otros jóvenes. A partir que se crea este grupo, los libros son la principal fuente de educación del joven Miguel.

Miguel se va a Madrid para buscar trabajo, allí fue nombrado colaborador en las Misiones Pedagógicas y más tarde lo escogieron como secretario y redactor de la enciclopedia ”Los toros”. También trabaja en la revista de Occidente.

Cuando comienza la guerra civil, Miguel se alista en el bando republicano. EL 9 de marzo de 1937 se casa con Josefina Manresa. En diciembre de 1937 nace su primer hijo, Manuel Ramón, pero muere a los pocos meses. Miguel le dedicó un poema a su hijo muerto que se llamaba ”Hijo de la luz y de la sombra”. En enero de 1939 nace su segundo hijo, Manuel Miguel a quien le dedicó una poesía llamada ”Nanas de cebolla”.

Cuando acabó la guerra, Franco decidió destruir todos los ejemplares de ”El hombre acecha” que se habían acabado de imprimir en Valencia, pero dos ejemplares se salbaron y permitieron hacer el libro en 1981.

Miguel intentó cruzar la frontera hacia  Portugal por Huelva, pero la policía lo pilló y lo mandaron a la Guardia Civil. Miguel salió inesperadamente de la cárcel gracias a su amigo Pablo Neruda que hizo unas gestiones con un cardenal para que lo dejaran en libertad, eso sucedió en septiembre de 1939. Pero cuando volvió a su ciudad fue delatado y detenido, por ello lo condenaron a muerte en marzo de 1940. Muchos amigos suyos hicieron que se le quitara la pena de muerte por la de treinta años.

En septiembre de 1940 estuvo en la prisión de Palencia. En 1941 fue trasladado a un reformatorio de adultos y  allí calló enfermo. Primero tuvo bronquitis, después tifus y más tarde tuberculosis. Murió el 28 de marzo de 1942 con 31 años.

– Poema que Miguel le hizo a su hijo, cuando murió

Eres la noche, esposa: la noche en el instante
mayor de su potencia lunar y femenina.
Eres la medianoche: la sombra culminante

donde culmina el sueño, donde el amor culmina.

Forjado por el día, mi corazón que quema
lleva su gran pisada del sol adonde quieres,
con un sólido impulso, con una luz suprema,
cumbre de las montañas y los atardeceres.

Daré sobre tu cuerpo cuando la noche arroje
su avaricioso anhelo de imán y poderío.
Un astral sentimiento febril me sobrecoge,
incendia mi osamenta con un escalofrío.

El aire de la noche desordena tus pechos,
y desordena y vuelca los cuerpos con su choque.
Como una tempestad de enloquecidos lechos,
eclipsa las parejas, las hace un solo bloque.

La noche se ha encendido como una sorda hoguera
de llamas minerales y oscuras embestidas.
Y alrededor la sombra late como si fuera
las almas de los pozos y el vino difundidas.

Ya la sombra es el nido cerrado, incandescente,
la visible ceguera puesta sobre quien ama;
ya provoca el abrazo cerrado, ciegamente,
ya recoge en sus cuevas cuanto la luz derrama.

La sombra pide, exige seres que se entrelacen,
besos que la constelen de relámpagos largos,
bocas embravecidas, batidas, que atenacen,
arrullos que hagan música de sus mudos letargos.

Pide que nos echemos tú y yo sobre la manta,
tú y yo sobre la luna, tú y yo sobre la vida.
Pide que tú y yo ardamos fundiendo en la garganta,
con todo el firmamento, la tierra estremecida.

El hijo está en la sombra que acumula luceros,
amor, tuétano, luna, claras oscuridades.
Brota de sus perezas y de sus agujeros,
y de sus solitarias y apagadas ciudades.

El hijo está en la sombra: de la sombra ha surtido,
y a su origen infunden los astros una siembra,
un zumo lácteo, un flujo de cálido latido,
que ha de obligar sus huesos al sueño y a la hembra.

Moviendo está la sombra sus fuerzas siderales,
tendiendo está la sombra su constelada umbría,
volcando las parejas y haciéndolas nupciales.
Tú eres la noche, esposa. Yo soy el mediodía.

II

( Hijo de la luz )

Tú eres el alba, esposa: la principal penumbra,
recibes entornadas las horas de tu frente.
Decidido al fulgor, pero entornado, alumbra
tu cuerpo. Tus entrañas forjan el sol naciente.

Centro de claridades, la gran hora te espera
en el umbral de un fuego que al fuego mismo abrasa:
te espero yo, inclinado como el trigo a la era,
colocando en el centro de la luz nuestra casa.

La noche desprendida de los pozos oscuros,
se sumerge en los pozos donde ha echado raíces.
Y tú te abres al parto luminoso, entre muros
que se rasgan contigo como pétreas matrices.

La gran hora del parto, la más rotunda hora:
estallan los relojes sintiendo tu alarido,
se abren todas las puertas del mundo, de la aurora,
y el sol nace en tu vientre, donde encontró su nido.

El hijo fue primero sombra y ropa cosida
por tu corazón hondo desde tus hondas manos.
Con sombras y con ropas anticipó su vida,
con sombras y con ropas de gérmenes humanos.

Las sombras y las ropas sin población, desiertas,
se han poblado de un niño sonoro, un movimiento,
que en nuestra casa pone de par en par las puertas,
Y ocupa en ella a gritos el luminoso asiento.

¡Ay, la vida: qué hermoso penar tan moribundo!
Sombras y ropas trajo la del hijo que nombras.
Sombras y ropas llevan los hombres por el mundo.
Y todos dejan siempre sombras: ropas y sombras.

Hijo del alba eres, hijo del mediodía.
Y ha de quedar de ti luces en todo impuestas,
mientras tu madre y yo vamos a la agonía,
dormidos y despiertos con el amor a cuestas.

Hablo, y el corazón me sale en el aliento.
Si no hablara lo mucho que quiero me ahogaría.
Con espliego y resinas perfumo tu aposento.
Tú eres el alba, esposa. Yo soy el mediodía.

III

( Hijo de la luz y la sombra )

Tejidos en el alba, grabados, dos panales
no pueden detener la miel en los pezones.
Tus pechos en el alba: maternos manantiales,
luchan y se atropellan con blancas efusiones.

Se han desbordado, esposa, lunarmente tus venas,
hasta inundar la casa que tu sabor rezuma.
Y es como si brotaras de un pueblo de colmenas,
tú toda una colmena de leche con espuma.

Es como si tu sangre fuera dulzura toda,
laboriosas abejas filtradas por tus poros.
Oigo un clamor de leche, de inundación, de boda
junto a ti, recorrida por caudales sonoros.

Caudalosa mujer: en tu vientre me entierro.
Tu caudaloso vientre será mi sepultura.
Si quemaran mis huesos con la llama del hierro,
verían que grabada llevo allí tu figura.

Para siempre fundidos en el hijo quedamos:
fundidos como anhelan nuestras ansias voraces:
en un ramo de tiempo, de sangre, los dos ramos,
en un haz de caricias, de pelo, los dos haces.

Los muertos, con un fuego congelado que abrasa,
laten junto a los vivos de una manera terca.
Viene a ocupar el hijo los campos y la casa
que tú y yo abandonamos quedándonos muy cerca.

Haremos de este hijo generador sustento,
y hará de nuestra carne materia decisiva
donde asienten su alma, las manos y el aliento,
las hélices circulen, la agricultura viva.

Él hará que esta vida no caiga derribada,
pedazo desprendido de nuestros dos pedazos,
que de nuestras dos bocas hará una sola espada
y dos brazos eternos de nuestros cuatro brazos.

No te quiero en ti sola: te quiero en tu ascendencia
y en cuanto de tu vientre descenderá mañana.
Porque la especie humana me han dado por herencia,
la familia del hijo será la especie humana.

Con el amor a cuestas, dormidos y despiertos,
seguiremos besándonos en el hijo profundo.
Besándonos tú y yo se besan nuestros muertos,
se besan los primeros pobladores del mundo.

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